NUEVA YORK. En su tercera rueda de prensa en dos días el presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció ayer el nombramiento del ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, de 81 años de edad, para presidir el «Consejo Asesor para la Recuperación Económica».
Este órgano de nueva creación se inspira en uno parecido que creó el presidente Dwight Eisenhower para rodearse de sabios que le asesoraran en política internacional. La crisis económica justifica ahora la creación de un «sanedrín de sabios», con línea directa al presidente, y por encima de la burocracia de la Casa Blanca.
Volcker lo ha sido todo en el ala económica de la Casa Blanca y en las primeras empresas del país. Pero su verdadera leyenda empieza en 1979 cuando accede a la Presidencia de la Fed a instancias del presidente Jimmy Carter. Ronald Reagan le confirmó a pesar de tratarse de un demócrata.
Un hombre de calado
Volcker hizo honor a la confianza de ambos parando el toro de la estagflación (estancamiento económico y crecimiento de la inflación), un peligro que ahora vuelve. Hace meses que está en la mira de los asesores de Obama, de quien se dice que pensó en él como secretario del Tesoro, algo que habría sido muy bien visto por los republicanos.
La versión oficial de la elección de Timothy Geithner para el Tesoro es su avanzada edad. Otra clave posible es que Obama trata de mantener el equilibrio entre sus asesores. Una figura de la talla de Volcker será, en cualquier caso, un inevitable contrapoder del que pretende erigirse en primer «gurú» económico de la Casa Blanca, Lawrence Summers.
Ayuda en camino
«La ayuda está en camino», afirmó ayer enfático el presidente electo, que espoleado por las críticas de vacío de poder ante la crisis ha dejado de lado toda tentación de inactividad de aquí al 20 de enero. De momento Obama no puede ofrecer mucho más que nombramientos, pero eso ya es un «aviso para navegantes». Cada día está más claro que hay que esperar más centrismo de solvencia contrastada, que revolución o experimentos.
Obama defendió ayer la abundancia de clintonianos alegando que nadie entendería la formación de un gobierno inexperto en estas críticas circunstancias. El mismo argumento vale para justificar la continuidad de Robert Gates en la Secretaría de Defensa, decisión difícil de tragar para los partidarios de hacer cruz y raya de la política bélica de Bush.
Tendiendo puentes
Y sin embargo hace tiempo que Gates juega a más de una baraja. Desde meses antes de las elecciones ya defendía movimientos en favor de la doctrina Petraeus y en contra de la escuela de Dick Cheney.
Gates podría ser un puente entre el pasado y el futuro por el que Obama pueda transitar sin miedo a pisar una mina. Por si acaso, y de todos modos, sus colaboradores sí serán relevados del primero al último.
Artículo Original: ABC
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